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Año XI, vol 9, N°2, octubre de 2000

Beneficencia y Asistencia Social: la política manicomial en Buenos Aires. (1880-1940)

Marisa Requiere

Alcmeon, Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, vol. 9, Nº 2, septiembre de 2000, págs. 169 a 194.

Summary

The present work has as objective to point out the characteristics and the evolution of the assistance psychiatric institutions in Buenos Aires.

The manicomial sanitary politics presents several problems, this has been expressed by the most outstanding psychiatrists doctors of the time, as Ramos Mejía, Ventura Bosch, Meléndez, Cabred and others. Referring concretely to the assistance tragic character that sick mental persons suffer, It´s not just by the agglomeration but also by specialized staff’s lack, doctors, nurses, administrative staff and by the lack of resources and organization of these institutions. The hospices that will be kept in mind along the work will be the Hospicio de las Mercedes, today Hospital Borda , and the Colonia Nacional de Alienados, today Hospital Interzonal Psiquiátrico "Colonia Dr. Domingo Cabred". To carry out the work, it was consulted the Documental Fund of the Society of Charity from the Nation General File, the University of Medicine Library, the National Library and the Congress Library.

Key Words

Social politics, mental hygiene, psychiatric institutions.

Introducción

En el período que va desde 1880 a 1940 se plasmaron en nuestro país una línea de ideas políticas, económicas y culturales que modificaron las estrategias médico asistenciales. En los comienzos de este reordenamiento espacial, se presentó el Proyecto de Ejecutivo Nacional para la creación de asilos y hospitales regionales.

El aparato sanitario y de higiene pública secular, fue modelado según los cánones europeos, que se remontaban al intento de Rivadavia. Con el paso de los años cambió la fundamentación filosófica asociada con la asistencia de los carenciados y/o enfermos. La ecuación beneficencia-caridad-filantropía apareció explícitamente en la obra político asistencial, encargándose el Estado de marcar las pautas de la "beneficencia pública" que deja de lado el marco privado que antes distinguía a la salud.

La acción médica estaba ligada a los ideales civilizatorios del Estado, y a lo largo de este proceso de transformaciones fue acercándose al aparato estatal y a los sectores populares, así se construyó la figura del "político médico". Así se desplegaron una serie de disposiciones prácticas, jurídicas, penales y pedagógicas como una exigencia para armonizar la vasta problemática de desorden, básicamente urbano, en la que la marginalidad, locura y delito llamaban a la intervención médico social. El corolario de esto, fue la constitución de un complejo tecnológico en donde se hicieron visibles el surgimiento de instituciones específicas, servicios hospitalarios, manicomiales, penitenciarios y asociaciones profesionales. Los positivistas dedicados a la psiquiatría, tenían ambiciones políticas que plasmaron como administradores de Asilos y hospicios, es decir, como agentes del orden y el control social.

La asistencia pública fue uno de los medios más nítidos a través de los cuales se podían solucionar los males de la sociedad: enfermedades pestilentes, como la fiebre amarilla, tuberculosis y por supuesto la locura.

La necesidad de darle un espacio propio a la enfermedad mental llevó a la creación de hospicios, y a la observación metódica del médico alienista unida a la idea de la filantropía, donde la medicina social y el saneamiento urbano se cobijaban bajo las banderas del progreso que proclamaba la elite gobernante. La locura fue revelada hacia 1880 en "La Neurosis de los hombres célebres"1 con el objetivo de someterla a control y producir una conciencia pública que evidenció toda una forma discursiva e institucional. Esos elementos sirvieron a la constitución de ideales y valores morales plasmados en el contexto de la sociedad.

Acerca de los orígenes de la asistencia mental en Buenos Aires

Los hospicios no existían y el cruel destino de los alienados era no sólo el encierro sino también el tratamiento que consistía en "ayunos, palos y duchas" hasta amansarlos. La asistencia que se les prodigaba a los blancos era en una celda en algún convento y a los negros e indios se los encerraba en las cárceles de los Cabildos. Este procedimiento se prolongó hasta que se logró establecer un verdadero hospital de alienados. Interesante es el antecedente de la labor realizada por los Betlemitas2, en el primer manicomio que tuvo Buenos Aires conocido como Hospital de San Martín o Santa Catalina, también como Nuestra Sra. De Belén o de los Borbones.

A partir de 1822, la labor de Bernardino Rivadavia en lo concerniente a la vida pública tomó un carácter trascendente con respecto a los hospitales, que tuvieron una administración civil, dirigida por los profesores de la Escuela de Medicina, creada al fundarse la Universidad y donde la labor de la recién fundada Sociedad de Beneficencia jugó su rol más importante. Se creó el 12 de abril de 18233, y se encarga específicamente de la asistencia de niños y mujeres. Como parte del mismo plan comienza a funcionar la Sociedad Filantrópica de caballeros con el objetivo de encargarse de los hospitales y cárceles.

Estas organizaciones públicas asistenciales cayeron en el olvido al terminar el gobierno Rivadavia, volviendo todo a la antigua época clerical y conservadora, donde el gobierno de Rosas era el principal protagonista.

Los Primeros Hospitales Psiquiátricos

En 1852, después de la caída de Rosas, volvieron a funcionar muchas de las instituciones que él había cerrado. También se fundaron otras nuevas. Esta situación válida para la política sanitaria en general no es asimilable a la específicamente psiquiátrica. Podemos observar la falta de recursos tanto económicos como humanos, además de un tratamiento psiquiátrico nulo; los testimonios que conocemos dicen lo siguiente: "...en condición de completa aglomeración, en calabozos húmedos, oscuros y pestíferos, sin otra cama que el desnudo y frío suelo, aquello no era un asilo de caridad4, era más bien un depósito de seres humanos, sumidos en la más espantosa miseria..."5

Ingenieros dice "....A través de las rejas se les daba comida y a veces se extraían los excrementos, tal como se hace ahora con las fieras en los jardines zoológicos, aunque con menos higiene y confort..."6.

Estos comentarios son semejantes a los que realiza Foucault7 sobre la situación de los enfermos mentales en los manicomios franceses, Bîcetre, Salpêtrière, Hôpital General, etcétera, "...Las locas atacadas por excesos de furor son encadenadas a la puerta de su cuarto, y separadas de los guardianes y de los visitantes por un largo corredor defendido por una verja de hierro; se les pasan entre los barrotes la comida y la paja, sobre la cual se acuestan; por medio de rastrillos se retira una parte de las suciedades que las rodean..."

Dentro del conjunto de las instituciones dirigidas por la Sociedad de Beneficencia8 y asistidas por hermanas de caridad, hay secciones destinadas a la atención de enfermos mentales. En el caso del Hospital General de Hombres que dependía de la Municipalidad de Buenos Aires, también había un cuadro dedicado a los dementes.

La Sociedad de Beneficencia9 se ocupó de la situación de las mujeres dementes alojadas en la cárcel10, entonces el gobierno dio intervención a la Comisión Filantrópica11 y su presidente aconsejó que se estableciera un Hospicio de Mujeres en las afueras de la ciudad, en el lugar de la antigua Convalecencia, pero la Sociedad pidió que fuesen llevadas al Hospital de Mujeres, donde habilitó un "patio para dementes", pues decían "...es inhumano dejar a esas infelices libradas a su propia suerte, sin procurar devolverles la razón perdida..."12. Sin embargo la escasa capacidad del patio llevó a la determinación de pedir al gobierno un lugar apropiado para su custodia y tratamiento. El gobierno dio conformidad y ordenó a la Comisión Filantrópica, procediese a habilitar una parte del local de la antigua Convalecencia13, poniéndola en condiciones para prestar los servicios necesarios a los dementes. En marzo de 1854 fueron trasladadas las dementes del Hospital de Mujeres. Comenzó con una población de 68 enfermas y con el paso del tiempo se realizaron nuevas ampliaciones hasta el año 1860, para dar mayor capacidad al establecimiento, el que desde entonces quedó a cargo exclusivo de la Sociedad de Beneficencia de la Capital. Paralelamente con el aumento demográfico, fueron creciendo las necesidades del Hospital y son etapas dignas de señalarse las de 1894 y 1898 en que se habilitaron los primeros pabellones14. Ingenieros nos comenta lo siguiente acerca de la situación en la cual vivían: "...El edificio está perfectamente situado. El aire lo ventila por todos lados y la vista se extiende en todos lados y la vista se extiende en todas direcciones sin tropiezo; circunstancia importante pues es sabido que los medios higiénicos son muy eficaces para calmar la exaltación de las personas dementes y contribuyen también poderosamente a su radical curación (...) Los dormitorios nos han parecido espaciosos, claros, ventilados y secos. Las camas de hierro muy cómodas, como todas las piezas que la componen. Entre los dormitorios los hay grandes para las enfermas que pueden estar reunidas sin inconvenientes, como otros pequeños y separados para las que es preciso tener aisladas (...) El comedor es una sala hermosa y sirve a la vez de punto de reunión. Las piezas de la ropería, de los baños, del trabajo, la enfermería, la cocina, la despensa, son igualmente espaciosas y a propósito para el objeto a que están destinadas (...) En el comedor suelen reunirse hasta 45 dementes de las 76 que existen en el establecimiento; pero donde se las ve juntarse en mayor número y con mejor voluntad es en la sala de costuras, en la que a la oración se encienden luces y se reza el rosario enfrente de una imagen de la Virgen..." Por referencias de los que conocieron la Convalecencia en sus primeros años, podemos afirmar que se parecía a un Beaterio o casa de recogimiento, más que a un Hospital.

Podemos considerar que en este primer tiempo de la historia hospitalaria psiquiátrica, la asistencia y dirección del asilo eran ejercidas por "señoras"15 que le delegaban a las religiosas ese trabajo, y cuya buena voluntad y celo eran superiores a su competencia; los médicos concurrían a la mañana y el resto del día quedaban las religiosas a cargo de la casa, teniendo que soportar, en más de una ocasión desmanes producidos por locas furiosas16. En este establecimiento no había un médico-director, y se consideraba indispensable la presencia de éste, pues no sólo se necesita en el tiempo de la visita diaria. Las Hermanas de la Caridad prescriben los medios coercitivos en los casos de acceso de furor y de desesperación que a menudo se producen, cuando el Médico-Director, o los médicos-auxiliares no están allí de día y de noche para consultárseles17.

El edificio de la Convalecencia18 era insuficiente en 1881, la capacidad estaba calculada en 200 camas y se alojaban 337 enfermas. Por tal motivo se prohibió la entrada de nuevas alienadas y éstas volvieron a ocupar los antiguos establecimientos: Cárcel de Mujeres, Asilo del Buen Pastor y Hospital de Mujeres. Anteriormente en 1879, Meléndez y Coni19 ya habían mencionado este asunto de la siguiente manera:

"... la estadística del Asilo de Mujeres nos hace ver que en el período de veinte años han entrado muchísimas mujeres atacadas de manía religiosa..." y que "la población extranjera pasó a engrosar las estadísticas clínicas...". La cuestión del hacinamiento del Asilo va a producir varios problemas y quejas por parte de los médicos y responsables del lugar. Con el cambio de gobierno la Sociedad de Beneficencia, provincial, pasó a depender del Gobierno Nacional, nacionalizándose el Hospital de Alienadas. Pero las cuestiones de hacinamiento seguían: desde 188120 el número de dementes era de 377, y a fines de 1888 la casa asilaba a 543 enfermas. Con este aumento de población fue adquiriéndose la convicción de que era inútil seguir anexando cuartos o salas al viejo edificio. Muchas quejas del Dr. Eguía21, director a partir de 186022, prepararon las reformas del Dr. Piñero23, que le sucedió en la dirección. Se comenzó a construir en 1864, a cargo del ingeniero Nystromer, el Hospital de tratamiento compuesto de 28 edificios y con capacidad para 200 camas, inaugurándose las primeras secciones en 1908. El Dr. Piñero consiguió un subsidio de $ 150.000 anuales para las obras, que tendrán nuevas secciones: la cocina central, la casa de máquinas, un pabellón dormitorio para agitadas, otro para tranquilas, con talleres, comedor y sala de recreo. Sin embargo, el número de enfermas seguirá aumentando y las obras se interrumpieron por falta de recursos. La cifra de internadas para 1900 fue de 1400 y Piñero insistió sobre la adquisición de una chacra para las enfermas crónicas. Los fondos para todas sus obras los conseguirá a través del Congreso Nacional, sólo en los Diarios de Sesiones de la Cámara de Diputados (tomos de 1906 a 1910) se encuentran sus discursos. En una oportunidad elevó a la Sociedad una exposición, cuya parte primordial se refería al estudio y crítica de la situación legal en que se halla el demente, y a la imperiosa necesidad de dictar una ley que, a semejanza de las que existen en los países más adelantados, los ampare y garantice debidamente, lo mismo que a fomentar la creación de instituciones para su patronato. Otra inauguración importante la constituyó en 1901 el Laboratorio de carácter anatomopatológico24 donde podían realizarse investigaciones, y a la vez estudios experimentales. Además sirvió como centro de labor para los alumnos de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires25.

Se necesitó construir un asilo suburbano o rural para las enfermas crónicas que obstaculizaban la asistencia de las agudas, ya que en el Hospital Nacional de Alienadas el espacio era poco para el crecimiento de la población de enfermas que fue aumentando paulatinamente, la solución a este problema fue la creación del "Asilo de Alienadas de Lomas"26, en 1908 con capacidad para 500 enfermas, ampliándose poco después con la construcción del pabellón Devoto, mediante la donación de la señora Juana González Devoto. Las obras de modificación del Hospital Nacional de Alienadas siguieron en 1913; se intentó una etapa de modernización demoliéndose parte de la antigua casa y levantándose en su lugar los pabellones, para la asistencia y la atención quirúrgica de alienadas. A pesar de los esfuerzos de la Sociedad de Beneficencia y los directores que pasaron por el Hospital Nacional de Alienadas, la situación desbordante del hacinamiento se siguió repitiendo. El traslado de enfermas se hizo al Asilo de Alienadas de Lomas y algunas fueron llevadas al Asilo de Oliva Provincia de Córdoba, esto permitió sortear unos años la situación pero, en el año 1928, adquirió caracteres de gravedad y se buscaron soluciones definitivas. Según el libro de actas de la Sociedad de Beneficencia, sobre el Hospital Nacional de Alienadas, se resolvió ampliar el Hospital anexándole el Instituto Mercedes Lasala y Riglos27, contiguo, y ampliar también el Asilo de Alienadas de Lomas. El presupuesto general de la Nación de 1929, otorgó a la Sociedad los recursos necesarios para éstas obras; pero no hubo regularidad en el pago de las cuotas, lo que impidió realizar rápidamente las obras resueltas. En 1932 la población de alienadas alcanzó proporciones alarmantes haciendo insostenible la situación. El Hospital, que tenía capacidad para 1600 insanas, albergaba a 3160, casi el doble de enfermas. Según las estadísticas para el año 1920, Ingenieros calcula que "...en el Hospital Nacional de Alienadas había 1650 enfermas internadas y en el Asilo-Quinta de Lomas 550 insanas..."28. Es decir que la Sociedad ante este estado de cosas pidió en 1933 al Gobierno la clausura del Hospital a nuevas admisiones29, porque no había otro camino para remediar la situación, ya que durante mucho tiempo el gran grado de hacinamiento en el que vivían las enfermas podía provocar epidemias muy difíciles de controlar. Las mejoras edilicias seguirán durante varios años, también el problema del hacinamiento y de la superpoblación de enfermas a pesar de la clausura que se estipuló en diversas oportunidades30 .

Desde 1934 la Sociedad de Beneficencia siguió gestionando y obtuvo de los Poderes Públicos la suma de $630.000 para obras de ampliación del Hospital y $380.000 para la construcción en el Asilo de Alienadas de Lomas de 4 pabellones dormitorios. Así modificó y construyó nuevos pabellones que alojaron a las enfermas, sobre todo a tuberculosas e infecto-contagiosas, que en un momento tenían que convivir con las otras enfermas. Sin embargo en 1942 el hacinamiento vuelve a presentarse como un problema, debido a la clausura del Hospital Romero de La Plata (provincia de Buenos Aires) y del Asilo Colonia Regional de Alienadas de Oliva (provincia de Córdoba), recayendo, en consecuencia, todos los pedidos de admisión de enfermas en el Hospital General de Alienadas, donde a pesar de las restricciones tomadas por la Dirección y de las disposiciones que se adoptaron para los ingresos, hubo necesariamente y por razones de humanidad que recibir a diario insanas cuyo estado era peligroso31.

Los datos encontrados en las Actas de la Sociedad de Beneficencia sobre el Hospital Nacional de Alienadas, nos muestran que éste tenía capacidad para 1800 enfermas, distribuidas en pabellones de diferentes categorías con secciones de tranquilas y agitadas. La realidad que podemos ver es que las diferencias entre las enfermas no se debían sólo a la patología sino también a su clase social. Ya en 1892, cuando las damas de la Sociedad comentaron al Dr. Piñero la creación de un Pabellón para pensionistas, el Director no coincidió con el Proyecto, decía: "...Considero que la enfermedad no admite distingos de clase, todas las internadas, vengan de donde vengan, tienen los mismos derechos..."32, de todas formas con el correr de los años las Damas de Beneficencia lograron concretar sus pretensiones y las obras con los pabellones que albergaban enfermas de 1ª y 2ª clase existieron.

La documentación de la que disponemos sobre el Hospital Nacional de Alienadas, llega al año 1941, sin embargo, lo que preocupó a todos sus directores fue la problemática del hacinamiento y la falta de atención por expertos profesionales de las alienadas; con el correr de los años la obra edilicia se efectuó, pero el traslado de las enfermas fue una constante que terminó perjudicando a las insanas en su tratamiento.


Otro caso interesante para mencionar es el Hospicio de San Buenaventura y su transformación en Hospicio de las Mercedes. A partir de 1852, también se reinstaló la Comisión Filantrópica, asesora en los asuntos relacionados a salud pública. Fue la primer comisión encargada de inspeccionar el Hospital General de Hombres y proponer las reformas necesarias para resolver el problema de los crónicos y dementes. A partir de 1857 la Municipalidad sancionó leyes para crear una Casa de Dementes, y un año después se promulgó la ley dictada por la Legislatura de la Provincia, la que autorizó a la Municipalidad para invertir la suma de dos millones de pesos en la construcción de una Casa de Dementes y un Cementerio Público al Sud de la ciudad
33. En esta etapa ocurrió lo mismo que en el Hospital Nacional de Alienadas, el incremento en la población de locos desencadenó problemas ya que todavía algunos enfermos mentales seguirían vagando por la ciudad. Dice Ingenieros, "...la Comisión del Hospital se lamentó en 1860, del hacinamiento de los alienados, aunque eran bastantes los que seguían vagando por las calles de la ciudad..."34. En el Hospital de San Buenaventura35, el número de dementes iba aumentando cada año en 44, 16 y 27 enfermos, respectivamente. Con respecto al funcionamiento administrativo y de asistencia, la cuestión de la elección del Director del Hospital llevó a un conflicto entre la Municipalidad, el Consejo de Higiene Pública y la Facultad de Medicina, que determinó el nombramiento de José Teodoro Baca apoyado por la municipalidad de que formaba parte. En 1873 se hicieron nuevas gestiones y no sólo cambió el director sino también el nombre del Hospital al que denominaron Hospicio de las Mercedes. El doctor Uriarte asumió y realizó algunas modificaciones pero sin lograr que pudiesen trasladarse los alienados al Hospicio. Una reflexión de la época señala lo siguiente: "...la provincia de Buenos Aires, la Capital de la República Argentina, donde anualmente se vota un presupuesto general de veinte millones de patacones para gastos nacionales, y de ochenta millones de pesos moneda corriente para la primera, no puede introducir mejoras en las casas de locos porque no tiene cómo hacer frente a las pequeñas erogaciones pedidas en nombre de la humanidad!..."36. La lucha contra el hacinamiento era una constante, en 1865 el hospicio tenía 160 alienados, en 1870 había 178 y 300 en 1880. El director se quejaba de que "...la falta de espacio nos obligaba diariamente a alojar tres y cuatro personas en una habitación de 30 metros cúbicos de aire, a poner camas en las galerías y a hacer comedores generales en las mismas..."37. El Dr. Meléndez38, con la ayuda del gobierno, inició el progreso y el bienestar dentro del asilo, en su plan exigió que se separen a los alienados agudos de los crónicos, a los convalecientes de los agitados, a los dementes, a los paralíticos, epilépticos, semiagitados, crónicos, crónicos tranquilos y desaseados. También presentó un proyecto a la Municipalidad de fundar una Colonia de Alienados, que aconsejaba instalar en Santa Catalina, este pensamiento coincidía con el aumento del número de asilados ya que en 1881 dormían de a dos en cama39. Según las propias palabras de Meléndez "el Manicomio había nacido insuficiente", esta frase esclarece sumamente el panorama y podemos agregar que además de los insanos asilados en el Hospicio edificado para ellos, había otros que ocupaban departamentos de los hospitales San Roque y General de Hombres. Durante varios años, y con el auspicio de la Municipalidad, se llevaron a cabo en el Hospicio varias obras para ensancharlo40.

Alrededor del año 1900, el Hospicio de las Mercedes presentó un aspecto variado, debido a la coexistencia de edificios correspondientes a tres distintas épocas y administraciones41. En 1905 fue nacionalizado, lo que hizo que sus recursos aumentaran, así como las mejoras, sin embargo esto no frenó el gran problema del hacinamiento, el número de los asilados creció cada vez más, en este momento la cantidad de enfermos ascendía a 1300 y la solución se buscó estableciendo un nuevo asilo fuera de la ciudad. Anteriormente mencionamos la inquietud de Meléndez por construir una casa de dementes fuera de la ciudad y sobre una vía del ferrocarril, el proyecto lo presentó a la municipalidad aunque no llegó a concretarse. El diputado Cantón, en 1897, presentó un proyecto al congreso, que fue sancionado, creando una colonia de alienados fuera de la ciudad42. El Discurso inaugural de la Colonia Nacional de Alienados, estableció, por Ley Nacional de 2 de octubre de 1897, la creación de una asilo de alienados, según el sistema escocés llamado de "puertas abiertas" (Open Door)43, destinado a modificar fundamentalmente la asistencia de estos enfermos. La benéfica ley se debe a la iniciativa parlamentaria del doctor Cantón quien, convencido de la necesidad de proceder a la reforma de esa asistencia, pidió en la cámara de diputados que se implantara en nuestro país este nuevo sistema de tratamientos. El discurso, llevó el convencimiento a todos cuantos le escucharon y un mes más tarde de presentado su proyecto, fue convertido en ley. El resultado fue que el manicomio de mujeres buscó su remedio en la Quinta de Lomas y el de hombres lo encontró en la Colonia de Luján (Open-Door). Los otros asilos que también fueron utilizados para aliviar el hacinamiento de los de Capital fueron el Asilo Melchor Romero de la Plata44, que se fundó poblado con treinta alienados procedentes del Hospicio de las Mercedes y también se enmarcó dentro del sistema de "puertas abiertas". En tanto el Asilo-Colonia mixto de Oliva45, según el comentario de Ingenieros, constaba de 33 pabellones aislados, rodeados por una superficie de 600 hectáreas, sus instalaciones eran inmejorables, y para el año 1917 contaba con una población de 1522 alienados de ambos sexos.

La ley 4953, que se promulgó el 28 de julio de 1906, tuvo trascendental importancia por crear asilos y hospitales regionales para la asistencia y tratamiento de toda clase de enfermedades. Según Cabred, dio la solución completa, al importante problema de asistencia pública nacional46.

El panorama siguió siendo desolador, especialmente por el hacinamiento y la falta de atención psiquiátrica.

Si analizamos el cuadro Nº1 podemos ver el incremento de los enfermos mentales en comparación a los retardados, también realizamos una descripción por provincias, según los datos aportados por Meléndez y Coni en 1869.

Cuadro Nº 1

Fuente: Meléndez y Coni, Consideraciones sobre la estadística de la enajenación mental en la provincia de Buenos Aires. Imprenta Coni, 1880.

Comparando el número de locos con el total de habitantes, las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y La Rioja son las que tienen la mayor cantidad de alienados y en cuanto a la proporción de idiotas e imbéciles se destacan Salta, Buenos Aires, Tucumán y Córdoba. Caben algunas dudas sobre el censo de población y la falta de seriedad no sabemos si hubo inclusión de negros e indios. Ingenieros señala que- "...la población de alienados por nacionalidades ha sido y es proporcional a la población adulta; por computar en el cálculo de población total a los menores, aparecen desproporcionadas las cifras de extranjeros. La población de retardados blancos es también proporcional a la población menor de edad, según nacionalidades...".

A partir de 1870 el cálculo por provincias resultará más difícil, ya que el envío de alienados a Buenos Aires será frecuente, la nacionalización de los hospicios y colonias regulariza esta situación. En cambio los retardados, especialmente los de color (opas), se quedarán en su provincia de origen. Una pregunta básica es ¿cuál es el factor de aumento de los alienados? Podemos decir que desde 1870 a 1910 la inmigración explica este fenómeno. Hacia el año 1920 de los 15.000 alienados probablemente existentes en la República, están hospitalizados 8.800, distribuidos de la siguiente forma:

Fuente: Meléndez y Coni, Consideraciones sobre la estadística de la enajenación mental en la provincia de Buenos Aires. Imprenta Coni, 1880.

Vemos que a medida que pasan los años los enfermos mentales van aumentando, así también las dificultades del asilo para darles la contención, ayuda y tratamiento necesarios47.

Alienismo, Higienismo y Espacio Manicomial

A medida que la ciudad de Buenos Aires crece demográficamente, la percepción médica de los problemas sanitarios, ya sea de la locura u otras enfermedades estarán por encima de la caridad misma en forma de limosna. La higiene fue impulsada como un resorte de tecnificación por parte del Estado, los médicos de la época como Cantón, Bosch y otros no sólo se ocupaban de difundir el discurso higienista en el gobierno, también lo hacían en los hospitales y/o asilos. Pero en realidad todo esto formaba parte del ideario positivista del progreso. Como lo expresa Bethell "...la política científica se había entremezclado con los dictados del constitucionalismo histórico...". Esta generación prefirió el tema sociológico aplicado a los fenómenos de la vida nacional en su aspecto histórico y político. Desde que nace, el positivismo ve en los problemas sociales el último y esencial objeto de su concepción filosófica48.

Con el higienismo, como sostiene Vezzetti49, la burguesía encuentra las condiciones para erigir una nueva figura de reformador social, ungido por la ciencia y los ideales filantrópicos. Un ejemplo interesante nos lo da una carta dirigida a Emilio Coni, en 1898, donde se hace referencia a su trabajo sobre Higiene aplicada a la provincia de Corrientes, diciendo que "...Usted entrega ahora a la ejecución del Gobierno un verdadero tratado de higiene pública para la provincia, librando por entero a su acción la aplicación práctica de las ideas enunciadas, a fin de colocar a aquel Estado en condiciones de civilización y de progreso, bajo el punto de vista médico..."50. La figura del médico se modifica, era un político médico con una marcada identidad de "lo social". Encarnando de esta manera al funcionario higienista, el que siempre estará compenetrado en el movimiento médico social, en lucha constante contra los grandes males de época: inmigración, locura, anarquismo, vagancia, miseria y demás degeneraciones existentes en el marco del país.

El médico era la figura encargada de asistir a los enfermos, de promover la salud de los individuos y el líder natural de los "programas sanitarios", pero no puede cumplir su misión al margen de la política de consolidación del aparato del Estado. Todas estas cuestiones se podían observar en un clima continuo de renovación científica, desde las diversas revistas médicas de divulgación, hasta los centros de estudio. La higiene pública se nos presentará como el signo manifiesto del avance de la civilización. Avance que puede efectuarse a partir de la organización y planificación de la salud mental de la población, que precisará de los hospitales y asilos para prevenir los posibles inconvenientes que la locura y los locos traen al pueblo, o sencillamente al ciudadano que ve en esta enfermedad la presencia indudable de una epidemia que necesita urgente la prevención del higienista.

La figura del loco ocupó un protagonismo indiscutible en la sociedad, y aparece conjuntamente el miedo a la locura. Por eso se trató de separar a los alienados del resto de los enfermos en los hospitales generales. La creación de los manicomios de la Capital responden a esta política de división de los enfermos, que se mantendrá por varias décadas. Este problema será resuelto parcialmente aumentando el número de camas de los manicomios o fundando nuevos institutos de psiquiatría, pero lo que importó sobre todo en materia psiquiátrica, era, no sólo albergar a los locos y tratar su terrible enfermedad, sino evitar que se siga enloqueciendo a la población de la República.

La asistencia social en función de la higiene mental fue todo un problema nacional que precisó una resolución urgente por parte de las autoridades competentes, en la lucha que la medicina social entabló en defensa de la salud integral de la raza y la población, "...Con la organización de dispensarios, preventorios y sanatorios para enfermos mentales, se puede decir que se inicia la higiene mental contemporáneamente con las nuevas orientaciones en la clínica y terapéutica de las neurosis..."51. Tanto la Sociedad de Beneficencia y demás entes paraestatales, estatales y privados, que realizaron una labor eficaz e indiscutible con sus propósitos, no encontraron una unidad de acción unificada en donde pudieron establecerse las bases económicas indispensables a toda lucha contra las enfermedades mentales, el Dr. Bosch dijo "...No es aconsejable salvo necesidades perentorias exigidas por causa mayor propiciar, recurriendo a las autoridades competentes, el aumento de capacidad de los hospitales existentes. No lo es hasta por una razón de economía..." y seguía "...Otra deficiencia de nuestros manicomios, reside pues, en la centralización de la asistencia psiquiátrica..."52.

Todos los establecimientos psiquiátricos gravitaron sobre el presupuesto nacional, excepción hecha del Hospital Melchor Romero53, que sostenía el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, por lo que el Estado pagó los gastos que necesitaba la asistencia psiquiátrica. Pero el Estado no alcanzó con sus recursos a organizar en las provincias una política hospitalaria que permitiese el normal funcionamiento asistencial. Así como las provincias y las municipalidades, se ocuparon de proporcionar a sus habitantes pobres, que tenían la desventura de enfermarse, una cama en un hospital o un especialista en un consultorio externo, por las mismas razones tenían el deber de suministrar una cama y organizar consultorios externos, con especialistas apropiados, para los enfermos mentales. No hubo causa apreciable que motivará la separación entre los enfermos mentales y el resto, pero igualmente los locos iban a perder el derecho a la asistencia, en su propia provincia54. Creemos que si las provincias y municipalidades hubieran podido crear sus propios hospitales psiquiátricos o contribuido a pagar los gastos que requiere la asistencia de los alienados, como se hizo con los enfermos pobres, quizás en poco tiempo desaparecían todas o las principales deficiencias que expusimos anteriormente. Los únicos antecedentes que hay son las propuestas que el Dr. Juan Obarrio envió al Congreso ordenando las fuentes de recursos para la creación de establecimientos. Obligando a las provincias al cuidado de sus alienados; estableciéndose las normas directrices de su organización; así crearon una Comisión55 de vigilancia de parte del Estado, sobre las instituciones nacionales, provinciales y privadas. Se puede decir, sin exageración, que la asistencia social del alienado deja mucho que desear en nuestro país. Las plazas disponibles, que para aproximadamente 1914, eran ya notoriamente escasas, apenas aumentaron luego; y en cambio la población del país creció casi el 40 % sin que hayan sido habilitados nuevos establecimientos y sin que los existentes hayan aumentado en forma sensible sus instalaciones. Esta situación se agravó por el aumento de los alienados recluidos; hasta 1915 la proporción se había mantenido entre 0.82 y 0.97 para cada mil habitantes del país; pero esas cifras subieron en 1922 a 1.21 por mil. Fácil es advertir a través de estas circunstancias y de aquellos números, que la falta de hospitales o de plazas no sólo redunda en menoscabo directo de los enfermos, sino que dan la nota de gravedad que para el país reviste el aumento de las internaciones.

La capacidad de los hospitales de la capital resultó, por razones obvias, cada vez más insuficiente, y de ello provino el amontonamiento de enfermos con prejuicio de la más elemental higiene hospitalaria, o el rechazo, perjudicial a la profilaxis social; o la abstención de internarlos, por parte de las familias, es definitiva perjudicial para ellos mismos56.

Más allá de los discursos y los proyectos promisorios por arreglar esa situación, ésta se mantuvo varios años, sin cambios por lo menos en la ciudad capital. Los directores de hospitales enviaban cartas a las autoridades gubernamentales, y el Estado se mostró diligente para realizar obras de ensanchamiento de hospitales comunes, pero a nadie preocupó en definitiva que no obstante haber sido construidos para mil alienados, los hospitales contenían dos mil y seguían recibiendo nuevos.

Esa indiferencia se debió, en cierto modo, al sistema de descentralización implantado por la Comisión Asesora, que se inscribe en el nombre, porque los hospitales y asilos regionales forman otros tantos centros a veces muy distantes, si bien menos que de la capital, del asiento del enfermo; y tienen el defecto de evitar que las provincias o las municipalidades cuiden de sus alienados y aprendan con ello el modo de disminuir su número. La indiferencia tiene, sin duda, por base principal, la falta de cultura psiquiátrica así como la escasa difusión de las transformaciones de las técnicas psiquiátricas modernas. Una vez habilitado el Asilo mixto de Oliva, atajó a casi todos los enfermos del interior, que antes iban a parar al Hospicio de las Mercedes.

Insisto en discurrir sobre las condiciones de la asistencia al alienado en el país, y no quiero dejar de señalar que a primer golpe de vista, en 1913, la proporción del movimiento de alienados varones, parcialmente excluida la provincia de Buenos Aires, fue de 0.48 %. No era de esperar que esa proporción se repartiese por igual en todo el país, pues es sabido que los grandes centros de población comportan mayor cantidad de alienados. Pero la desproporción resulta enorme, no a favor de los centros, sino exclusivamente en el de la Capital Federal. Llama la atención el hecho de que, durante el quinquenio, haya correspondido en el movimiento de alienados la cantidad de 4121 enfermos a la Capital Federal, y sólo la de 1680 a todo el resto de la República, excluida de éste la provincia de Buenos Aires, que si bien figura en las estadísticas del Hospicio de las Mercedes con 1152 enfermos, cuenta con su hospital propio.

En realidad no había un criterio regional en la construcción hospitalaria, y no se justificaba que la región más apremiada en 1913 siguiera postergada en lo que se refiere a la construcción de establecimientos psiquiátricos; y esto considerando lo notable y continuo de los proyectos llevados a cabo por el poder político y el higienismo para proveer de asilos el país. Los hospitales de esta región de la Capital a la cual convergen, además de los propios, algunos enfermos del interior, muchos de la provincia de Buenos Aires y todos los de los territorios nacionales, fueron aumentados desde muchísimos años a esta parte. Es cierto que algunos de ellos redoblaron el número de sus enfermos; pero su capacidad real aumentó poco y siempre en condiciones precarias, mediante la utilización de materiales viejos o el relleno de todo recoveco aprovechable, mientras la actividad de las autoridades pareció estar sólo dedicada a preparar un porvenir brillante a la asistencia de los futuros alienados del interior de la República. Los higienistas, en algunas oportunidades, analizaban y expresaban diversos puntos de vista acerca de los proyectos que entraban en vigencia. Antes de la creación del hospicio de las Mercedes, médicos como Meléndez, Coni o Maglioni, reflexionaban acerca de la cruel historia por la que pasaban los locos en el "cuadro de dementes" del Hospital General de Hombres: "...en condiciones de completa aglomeración, en calabozos húmedos, oscuros y pestíferos", "...sin otra cama que el desnudo y frío suelo, aquello no era un asilo de caridad, era más bien un depósito de seres humanos, sumidos en la más espantosa miseria..."57.

Cómo esperar que un hospicio tenga el lugar suficiente si el problema del hacinamiento58 nace con él; evidentemente la función del mismo como casa de curación y/o tratamiento de la locura será ineficiente. Los pacientes se encontraban amontonados y dormían de a dos en una cama, además tenían que ponerlas en galerías o usarlas de comedores generales, este panorama nos demuestra las imposibilidades que presenta todo tratamiento de la enfermedad. Esta problemática se relacionó con la inmigración59. La población de los hospicios va a crecer demográficamente según la curva inmigratoria, es decir, que se llenaron de inmigrantes sobre todo italianos, que ingresarán al país en la primera corriente inmigratoria. Según los datos aportados por Gache, "...Los italianos son los que más fácilmente pierden el uso de la razón, en esta ciudad, y esto se justifica si se considera el crecido número de inmigrantes de esa nacionalidad que anualmente llega a nuestras playas, y también el apego inmoderado a la fortuna cuya pérdida produce con frecuencia innumerables víctimas...".

¿Cómo se entiende la ecuación alienismo-espacio manicomial? ¿Se llega en algún momento definitivamente a organizar este espacio, se define una doctrina a seguir, un fundamento? Podemos decir que sí, quizás no como lo hubieran soñado algunos médicos idealistas de la época, pero sí de alguna forma, los cambios fueron explícitos y duraderos. Cuando Meléndez se hizo cargo de la dirección del Hospital de Hombres, proponía la doctrina y la tecnología del alienismo, inspirado en Pinel60 y Esquirol61, de allí en más ese espacio manicomial se organizó según esos principios62.

El "grito libertador" de Pinel63 llegó a todo el mundo, contemporáneamente una campaña parecida se realizaba en Inglaterra y Alemania, por obra de Tuke, Reil y Langermann, y la República Argentina siguió las vicisitudes que experimentaron la mayoría de los países. Desde la inauguración del Hospicio de las Mercedes, fundado por Bosch en 1863, los establecimientos manicomiales se multiplicaron y fueron ocho las dependencias nacionales. En la sesión del 26 de julio de 1905 fue presentada una ley, por el ex diputado, Dr. Gerónimo Barco, secretario de la Comisión, para la construcción de dichos asilos, y se aprobó en la Cámara de Diputados. Si el proyecto no llegó a sancionarse fue porque, con motivo de las repetidas conferencias que el suscrito celebraba con el Ministro, Dr. Manuel Montes de Oca, este tomó interés en solucionar el asunto, y decidió elevar al H. Congreso un proyecto de ley, dando más amplitud al pensamiento, pues abarcaba lo relativo a la asistencia hospitalaria de toda clase de enfermos del país. Preocupó al gobierno las deplorables condiciones en que se encontraba el país respecto de la atención asistencial, no sólo en salvaguarda de los intereses sociales, sino cumpliendo deberes de humanidad, a los enfermos indigentes y a los alienados e idiotas; así como el tratamiento de males que, como la tuberculosis y la lepra, requieren cuidados especiales para contener su avance. Como medio de financiación para resolver estos problemas se proponía la disminución de un 5 % del producto de la Lotería Nacional,64 que se repartía en premios, y su aplicación a la construcción de hospitales y asilos regionales en la República. El problema era alarmante, ya que los nosocomios se construían sin tener en cuenta la cuestión del hacinamiento y la falta de personal65.

Los Hospicios

Numerosos serán los testimonios de los médicos a cargo del Hospicio de las Mercedes sobre las situaciones que se sucedían cotidianamente. La mayoría comentó que existían 2300 enfermos mientras la capacidad era para 1000, (hacinamiento de enfermos)66, que tenía ocho médicos internos (insuficiencia de la asistencia médica), la relación entre enfermeros y ayudantes era de 1 a 33, sin preparación de los mismos (en todo el Hospicio sólo 14 tienen diploma). Además carecía de higiene general, lo que permitió la difusión de enfermedades contagiosas y parasitarias, por la inadaptabilidad de los locales destinados a dormitorios, la falta de camas y colchones; de ropa interior y exterior. Muchos alienados dormían en el suelo o sobre los duros elásticos de hierro de las camas y catres, había falta de alimentación, ninguna selección de enfermos, ni distribución de los mismos en diversos servicios, como no fuera la que se hacía con los pensionistas o "considerados", por la carencia del diagnóstico de la neocropsia (no se practicaban autopsias). Por todos estos motivos, dirán los médicos que el Hospicio de las Mercedes no es una establecimiento modelo, que merezca el nombre de hospital67. Nuestro país evidentemente necesitaba más instituciones destinadas al tratamiento de los enfermos mentales y al mismo tiempo requirió una organización y asistencia de los mismos más en armonía con los criterios modernos, sustentados por la ciencia psiquiátrica, tal como se realizó en otras partes del mundo. Acerca de este Hospicio, el Dr. Meléndez, quien fuera su director durante un tiempo, ha manifestado "...que me es notorio el estado pecuniario de la Corporación y por siguiente es inútil que entre en peticiones que no podrán realizarse. Esto vendrá más tarde cuando nuestra Municipalidad esté en aptitudes de hacerlo..."68. En realidad, la provincia de Buenos Aires y la Capital del país, donde anualmente se votaba un presupuesto de veinte millones de patacones para gastos nacionales, y de ochenta millones de pesos de moneda corriente para la primera, no pudo introducir mejoras en las casas de locos porque no tenía cómo hacer frente a las pequeñas erogaciones pedidas por los directores de los hospicios.

En cuanto al Hospital Nacional de Alienadas, tenía un consultorio externo de la especialidad, pero las necesidades de una ciudad de 2.000.000 de habitantes, no podían ser satisfechas por un solo consultorio y tendrían que surgir otros, como sostenían los médicos en cada capital de provincia. ¿Cuál fue la solución a esta crisis hospitalaria? Se crearon instituciones para-hospitalarias, por ejemplo la "Liga de Higiene Mental" que tuvo después ramificaciones en todas las provincias.

En los Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social, el Dr. Rossi explica que: "El problema de las psicosis ha recrudecido en estos últimos años en nuestro país, como lo ha puesto de manifiesto, entre otras instituciones, la Liga Argentina de Higiene Mental69 y el propio Instituto de Biotipología, por intermedio de su organismo de asistencia social, obligan a enfocar los postulados del mismo, para que los estudiosos en general y el cuerpo médico en particular, colabore con el máximo de su eficacia toda vez que se trate de remediar por el camino de la profilaxis la enorme difusión de las neurosis y las psicopatías entre nosotros..."70. La asistencia social en función de la Higiene Mental fue todo un problema nacional, que no era tratado lo suficiente por las autoridades, ya que la única solución de los asilos era resolver los problemas agregando más camas, y fundando nuevos institutos, que el Estado nunca pudo subvencionar; de esta manera el tratamiento de las distintas patologías era nulo. Las primeras medidas de higiene y profilaxis mental en la provincia de Buenos Aires, fueron promovidas por el Hospital Melchor Romero, donde parte del presupuesto se destinó a difundir, por medio de publicaciones diarias, las nociones generales de higiene mental, tratando de poner en alerta a la población sobre la degeneración de la raza71, o la conducta, conjuntamente con reproducciones del material de propaganda antialcohólica de la Liga Nacional de la Templanza. Todas estas iniciativas fueron aplicadas de forma dispersa y analizando el fondo de estos problemas, veremos que en última instancia la cuestión de la asistencia social era una inconveniente financiero; en consecuencia, para resolverlo, se necesitó arbitrar los fondos necesarios para su realización. Esto tardará mucho en concretarse, un ejemplo para poder resolver la cuestión financiera fueron las organizaciones mutuales, dirigidas por el Estado, asegurando a la población los beneficios de la salud72.

¿Cuál era la utilidad de estas instituciones para-hospitalarias? Los psiquiatras pensaban que estos nuevos organismos estaban destinados a evitar o aminorar un sinnúmero de internaciones, pero organizando estos nuevos servicios de asistencia no se resolvieron los problemas que planteaba la alienación mental.

Para solucionar el tema de los desbordes hospitalarios, en determinado momento los psiquiatras diferenciaron, en los establecimientos respectivos, a los enfermos, de acuerdo a su curabilidad y adaptabilidad al trabajo, mientras que en un principio la división fue motivada por estados de agitación, tranquilidad, etcétera. Siguiendo estos fundamentos se propició la organización de dos tipos de establecimientos, uno de los cuales fue destinado a los enfermos afectados de psicosis agudas, llamado por algunos Clínica Mental, en donde más del 50 % se supone se curaría. El otro era para los enfermos crónicos y los de larga evolución o convalecencia. A esta división se le atribuyó una extraordinaria importancia, por estar relacionada a la cuestión terapéutica (laborterapia para los crónicos; clinoterapia73 en los agudos), no obstante, la distinción por múltiples razones, es un criterio rígido en virtud de que muchos enfermos, aunque crónicos, no podían enviarse a las colonias y, otros, eran inutilizables para el trabajo. Además de la derivación a las colonias agrícolas, alejadas del Hospital, se organizaron oficinas y talleres para ergoterapia.

A la colonia Open-Door, que dependía (del Hospicio de las Mercedes), se enviaron los enfermos crónicos, que estaban en condiciones de aplicarse al trabajo y aquéllos otros que convalecientes de una enfermedad mental, tuvieran necesidad de permanecer bajo vigilancia médica, antes de reintegrarse a la sociedad. Los convalecientes y los incurables se enviaban al taller de la Colonia, hasta la curación completa, de acuerdo a la determinación de los facultativos que los asistían. El criterio de la derivación de pacientes de un Hospital a la colonia dominó la organización psiquiátrica y la deficiencia también estuvo intrínsecamente ligada durante mucho tiempo a la centralización de la asistencia psiquiátrica. Hasta el año 1930 la asistencia en el país se hizo en siete establecimientos, de los cuales dos son hospitales o asilos urbanos, con colonia agrícola dependiente, el Hospicio de las Mercedes y el Hospital Nacional de Alienadas. Otro era Hospital común con rama psiquiátrica predominante en donde se usó el sistema Open-Door74, nos referimos al Hospital Melchor Romero, vivían enfermos generales y locos. Dos eran pequeños hospitales psiquiátricos dedicados a la enseñanza, los del Litoral y Córdoba, con no más de cien camas cada uno; otro era el Asilo de Retardados en Torres. Finalmente se encontraba el Asilo de Oliva, con su sistema open-door, que reunía características del hospital, asilo y colonia, con sus servicios de "admisión" (que sería el hospital psiquiátrico); sus talleres terapéuticos, en los que trabajaban, lo mismo que en la colonia agrícola, un porcentaje de enfermos elevados en relación con la escasa dotación de empleados con que contaba el establecimiento; sus servicios de cirugía, de intercurrencias, de vigilancia continua para agitados, agresivos, fugadores, etcétera; y finalmente el asilo, formado por pabellones de impedidos, gatosos, tuberculosos, etcétera.

Habilitado el Asilo en Oliva (provincia de Córdoba), el 1 de junio de 1824, fue ocupado de inmediato por sucesivas remesas de enfermos de Buenos Aires. Los ingresos sucesivos sumaron hasta el 30 de junio de ese año 11.361, diferenciados en 8.810 ingresos directos, contra 2.551 trasladados del Hospicio y del Hospital Nacional de Alienadas. Las construcciones fueron veinte en un principio, distribuidas en diez pabellones para hombres y diez para mujeres; en 1923 se habilitaron siete villas más en la sección de mujeres, de inmediato ocupadas por 600 enfermas remitidas por el Hospital Nacional de Alienadas, que necesitó nueva sangría. En los años 1929-30 se habilitaron 300 camas en seis desvanes de las villas inauguradas en el año 1923, ocupadas como en aquella fecha por 300 enfermas que remitió el Hospital Nacional de Alienadas. Tanto para el Hospicio como para el Hospital Nacional de Alienadas y la Colonia de Open-Door, (hoy Hospital Interzonal Domingo Cabred), el Asilo Colonia Regional de Oliva, sirvió de receptáculo complaciente que en varias oportunidades les ofreció el expediente transitorio de la sangría75. Vemos que en los catorce años de existencia del Asilo Colonia de Oliva, contra 2550 enfermos ingresados por traslado, "cumpliendo el papel inicial de receptáculo" se puede anotar 8.810 ingresos directos. La población de Oliva para estas fechas es de 3.600 enfermos de ambos sexos, es fácil deducir que los ingresos directos en tan alto número hicieron imposible el futuro ingreso por traslado desde los establecimientos de Buenos Aires. De los 2.018 enfermos ingresados al Hospicio de las Mercedes durante el año 1927 (memoria de dicho año), 1895, (el 93.9 %) procedía de la Capital Federal, provincia de Buenos Aires, y territorios nacionales del sud; 101, (el 5 %), del litoral (Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes), y 22, (el 1,1 %) del centro y oeste (Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza).


Igual ocurrió con los ingresos del Hospital Nacional de Alienadas (memoria del año 1926), en que, de las 1420 enfermas ingresadas ese año, 1320, (el 92,3 %), procedían de la primera zona nombrada; 78, (el 5,5 %), de la segunda, y 32, (el 2,2 %) del resto. El Hospicio de las Mercedes y el Hospital Nacional de Alienadas recibieron sus enfermos en la proporción del 93,1 % de la Capital Federal, provincia de Buenos Aires y territorios nacionales del Sud, y el 6,9 % del resto del país; inversamente Oliva recibió el 0,5 % de la Capital Federal y el 99,5 % del resto del país. Se contaron los ingresos directos, no los trasladados de Buenos Aires, que en número de 2551 darían porcentajes sensiblemente diferentes. Podemos dividir al país en las dos zonas precitadas. La mayor densidad de la población y la mayor difusión de la red caminera o ferrocarrilera, que fue su corolario, explican la circunstancia del mayor número de internaciones en ese radio, en contraposición a las dificultades de traslado y mayor recorrido que se necesitó en el resto del país. Se explicaría así la discrepante situación entre los hospitales bonaerenses y el Asilo de Oliva, sin embargo el Dr. Ferrer, médico-interno del Asilo de Alienados de Oliva, explica que: "...Hasta el presente los establecimientos de la Capital Federal, la Colonia Cabred y el Asilo de Oliva, han llegado al hacinamiento con enfermos aportados de todas las zonas del país, según las facilidades que las provincias han encontrado para el alojamiento de sus alienados. Nuestro Asilo, pobre en apariencia de ingresos de procedencia de la Capital Federal y de la provincia de Buenos Aires, ha tenido que recibir en algunos años, fuertes remesas de enfermos de aquella región, cuyo número ha ascendido a la cifra de 2551 entre los años 1914 y 1928, representando, sobre la totalidad de los ingresos habidos en esos años, que ascendía a 11.361 el 22 %. Estas remesas fueron dispuestas por el Gobierno, a los efectos de librar del hacinamiento a los manicomios de la Capital Federal..."
76. Los ingresos anuales acusaron en Oliva un aumento incesante y aún manteniendo estacionario el quantum de los ingresos, al cabo de un par de años también hubo hacinamiento en él. En este Asilo resultó problemática la posibilidad de rechazar enfermos por selección, ya que en su mayor parte eran conducidos por empleados de policía, que contaban con el importe justo de los pasajes; no pudiéndoselos rechazar fundadamente con menos de cuarenta y ocho horas de observación en los casos más favorables, a fin de dejar sólo a los forzosamente internables, en el caso de adoptar el criterio de la selección. Fácil es advertir que en Oliva se estaba también cerca del problema del hacinamiento a corto plazo, si no se adoptaban medidas urgentes que reglamenten las condiciones de ingreso. Con la selección de las patologías que ingresaban sólo se podía mantener en estacionamiento la cifra de ingreso. Se pudo notar que los manicomios metropolitanos sufrieron, durante prolongadas etapas, el abarrotamiento, sin posibilidad de drenar el excedente a ninguna parte, y Oliva, como centro de asistencia de todo el resto del país, estaba abocado al mismo problema. Ante este mal que aquejó a todos los establecimientos manicomiales, hubo también una urgencia: la de aplicar criterios terapéuticos. Estos fueron el de urgencia o sintomático, y el curativo o causal. Pero aún aplicando la lógica terapéutica curativa, urgió atender el síntoma alarmante asfíxico que resulta del hacinamiento. La solución se concibió creando un nuevo establecimiento que ofreciera la posibilidad de servir de drenaje inmediato a los manicomios metropolitanos, que comparta con Oliva la admisión de enfermos del interior de la República, y al mismo tiempo convertirlo en un centro de asistencia con servicios de profilaxis, clínicas, talleres, colonia y asilo adjunto. Otra característica importante para la construcción de un nuevo asilo fue el tema de las vías de comunicación, éste será un factor importante para el problema de los alienados, porque a mayor distancia y dificultades de traslado de los enfermos, estos ingresan en peores condiciones de salud, con un porcentaje de mayor fallecimientos77 y de cronicidad. Otra situación preocupante era el traslado, nótese que antes la dificultad en trenes y caminos hacían que un alienado permaneciese con las autoridades policiales de uno a seis meses. Sobre un total antes expresado de 11.361 alienados en Oliva, el 57, 3 % era internado por la policía y sólo el 42,7 % internados por familiares y otros. Para terminar, aclaramos que de lo expresado se despende la funcionalidad y constitución en red de los hospitales psiquiátricos nacionales, donde periódicamente se realizaban rotaciones y derivaciones de enfermos mentales.

Conclusión

La Razón y la Sinrazón, la enfermedad, las degeneraciones y sus males son algunos de los tópicos que organizan un tema central sintetizado con las palabras "asistencia manicomial". La locura y la salud adquieren una dimensión pública que requiere una activa participación del Estado para realizar los diagnósticos y proponer las soluciones, empleando siempre el lenguaje del "orden y el progreso". El loco, como los alienistas no existieron solos, reflejaron a los que tenían trato con ellos y al mismo tiempo influencia. Encarnan y transforman simbólicamente los valores, las aspiraciones del Estado Nacional, de la sociedad y de los grupos de poder. El modelo asilar fue planteado según los cánones europeos al igual que las técnicas del tratamiento de la alienación y constituyeron en parte a la utopía de la nueva organización psiquiátrica. Ésta se inscribe en la que el Estado Nacional necesitó como institución para plasmar su visión ideológica-política, el resultado fue obvio: el hacinamiento, la falta de médicos especializados y las contradicciones dentro del mismo círculo de profesionales. La internación se convirtió en un depósito en el cual se mantenía en reserva a los inmigrantes y /o anarquistas, sometiéndolos a la inacción, la mala alimentación y el hacinamiento y no tardaban en hacerlos desaparecer detrás de la imagen de la locura. La indigencia encerrada se trasformó en un elemento indispensable para el Estado, que creía que era una forma de suprimir la pobreza, el atraso, el crimen y las manifestaciones ideológicas que no fueran conservadoras. Pero con el paso del tiempo esos confinados llegaron a ser útiles para los poderes públicos, ya que trabajaban en la construcción y preservación de los asilos, eran utilizados como abastecedores de sangre, para los bancos de los hospitales, constituyéndose en mano de obra barata.

Hasta aquí hemos planteado algunas de las vicisitudes que hacían a la asistencia manicomial en Buenos Aires sin dejar de darle un espacio a la locura y al enfermo mental.

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Notas al pie:

1 Ramos Mejía, J. La Neurosis de los hombres célebres (1878), Buenos Aires. La Cultura Argentina, 1915

2 Véase Ingenieros, La locura en la Argentina. (1919) Buenos Aires, L.J.Rosso, 1937.

3 Véase el Acta de la Fundación de la Sociedad de Beneficencia en "Instituciones de la Sociedad de Beneficencia y Asistencia Social" (1823-1852) Tomo I. Archivo General de la Nación, Buenos Aires. 1999.

4 Se refiere al "cuadro de dementes" del Hospital de Hombres. Maglioni, N. Los manicomios 1879.Tesis de Doctorado.

5 Ibídem.

6 Ob. Cit, Pág 1.

7 Véase Foucault,M. Historia de la Locura en la época clásica. Tomo 1 Fondo de Cultura Económica. 1998. (primera edición en París 1964)

8 Ibíd. Cit.3.

9 Hospital Nacional de Alienadas Legajo nro. 199. Archivo General de la Nación.

10 Ingenieros, J. Observa lo siguiente ". El 7 de diciembre de 1854, por iniciativa de la Sociedad, se resolvió crear una "Casa correccional de Mujeres". Para ello solicitó "el edificio que existe en la Convalecencia, que sirvió de cuartel, el cual fue concedido por el gobierno el 4 de enero de 1855, previo informe de la Comisión Filantrópica. La fundación se postergó y allí se puso el 28 de marzo de 1882 la "casa de campo para convalecencia de expósitos; en 1871 fue edificada por el gobierno; en 1873 la ocupó el Asilo del Buen Pastor"; desde 1894 la nueva "Sucursal de la Casa de Expósitos"..."

11 La Comisión Filantrópica fue constituida por el Dr. Ventura Bosch, Mariano Miró y Felipe Botet, se reinstala en septiembre de 1852, y toma a su cargo el Hospital de Hombres.

12 Opinión de Tomasa Vélez Sarsfield, Inspectora del Hospital de Mujeres y vocal de la Sociedad de Beneficencia. Véase, Loudet, O y E. Historia de la Psiquiatría Argentina. Buenos Aires. Ed. Troquel, 1971.

13 El origen de la finca conocida como Convalecencia permaneció incierto. En 1908 el Prof. José Penna pidió datos al señor Paul Groussac, que dicen lo siguiente: En 1734 el vecino Ignacio Zeballos donó a los jesuitas una manzana en el alto de San Pedro, con más una chacra de sus inmediaciones, para que se fundase una casa auxiliar de la Compañía; así se hizo en 1746 y se llamó "Residencia de Belén", llamándose "Chacra de Belén" a la finca de sus inmediaciones.

A poco de ocupar, en 1748, el Hospital de Santa Catalina, los betlemitas adquirieron, entre otras, una finca contigua a la Chacra de Belén, para trasladar a el Hospital de Santa Catalina; lo obtuvieron en 1793; pocos años más tarde la Residencia se convirtió en Hospital General de Hombres y en la Chacra de Belén se hicieron algunas construcciones, dedicadas a los convalecientes del Hospital. Desde esa época la parte más alta de la Chacra de Belén fue conocida como Convalecencia. En 1822 pasó todo a poder del Gobierno, que más tarde confió su administración a la Comisión Filantrópica, extinguida a poco de crearse. En 1832 Rosas erigió el Cementerio del Sud en la parte Oeste de la Convalecencia, cercenada ya por la instalación de los Mataderos; en el lado Este existía y se amplió un edificio que sirvió de cuartel en la época de Rosas. En 1854 la Sociedad de Beneficencia estableció en el local de la antigua Convalecencia un hospicio para mujeres, que es el actual Hospital Nacional de Alienadas. En local del cuartel, al Este del anterior, se instaló, en 1862, la sucursal de la casa de Expósitos. En la misma finca, al norte de la Convalecencia, se habilitó en 1863 una casa de Dementes, para hombres. Se llamó "Hospicio de San Buenaventura" hasta 1873, fecha en que la Municipalidad acordó llamarlo "Hospicio de las Mercedes". Ob, Cit. Pág. 7

14 Los primeros pabellones que comprendían los Servicios Charcot, Pinel, Esquirol, Magnan, Casa de Máquinas y Cocina Central; quedando de hecho incorporado el establecimiento al movimiento intelectual y material del país. Véase, Hospital Nacional de Alienadas (Breves comentarios sobre su historia) en Revista Oral de Ciencias Médicas, Buenos Aires. Archivo Facultad de Medicina. 1945.

15 Nos referimos concretamente a las Señoras socias de la Sociedad de Beneficencia de la Capital.

16 Foucault, presenta al "furor como un término técnico de la jurisprudencia y de la medicina; designa muy precisamente una de las formas de la locura..." "Pero en el vocabulario del internado dice, al mismo tiempo, mucho más y mucho menos; hace alusión a todas las formas de violencia que están más allá de la definición rigurosa del crimen, y de su asignación jurídica: a donde apunta es a una especie de región indiferenciada del desorden, desorden de la conducta y del corazón, desorden de las costumbres y del espíritu, todo el dominio oscuro de una rabia amenazante que parece al abrigo de toda condenación posible..." Ob. Cit. Pág. 2.

17 Gache, S. La Locura en Buenos Aires. Buenos Aires, imprenta Biedma. 1879

18 La curiosa historia de este lugar- comprendido en la actualidad, en forma aproximada, por las calles Vieytes, Perdriel y Avenidas Alcorta y Suárez, dentro de cuyo perímetro se alzan los hospitales psiquiátricos y el Rawson- se precisó recién a comienzos del presente siglo, gracias a las investigaciones del historiador Groussac y del higienista José Penna. Se sabe que en tiempo de la Colonia, allá por 1734, un vecino devoto, D. Ignacio Zeballos, donó a los jesuitas una manzana de su pertenencia, en lo que entonces llamábase Alto de San Pedro, y hoy es el Barrio de San Telmo. Allí debía erigirse una Casa Auxiliar de la Compañía, y eso se hizo en 1746. Se llamó la Residencia de Belén y Chacra de Belén a una finca de las inmediaciones. Poco después los betlemitas, curas franciscanos, adhirieron a un solar contiguo a la Chacra de Belén, extendido hacia el oeste, que tomó nombre de Chacrita de los betlemitas. Al ser expulsados los jesuitas en 1767, los betlemitas pidieron la vieja Residencia y la Chacra de Belén. Obtenidas en 1793, pocos años más tarde, la Residencia se convirtió en Hospital General de Hombres y la Chacra de Belén en sitio de descanso. Desde entonces la parte más alta, que llegaba casi hasta el Riachuelo, por el sudoeste, empezó a conocerse como La Convalecencia. En 1822 la reforma rivadaviana colocó en manos del gobierno el cuidado de esas fincas, que, al ser creadas, pasaron a la Sociedad Filantrópica. Durante la tiranía, esos terrenos fueron repartidos entre el cuartel de La Mazorca, los mataderos y el Cementerio del Sud. En 1852 se restituyeron, como es fácil advertirlo, a la Sociedad Filantrópica. Véase Castro, Jorge. Los Hospitales Neuropsiquiátricos de Buenos Aires. Anales Argentinos de Medicina. 1960.

19 Véase al respecto, Meléndez y Coni, Consideraciones sobre la estadística de la enajenación mental en la Provincia de Buenos Aires. Imprenta Coni, 1880.

20 En 1881 el Gobierno Nacional, a pedido de la Sociedad de Beneficencia, clausuró la Convalecencia, que con una capacidad para 200 enfermas albergaba 377. La posterior ampliación de servicios no impide que 1894, por los mismos motivos, el Gobierno disponga que se limite, en cuanto sea posible, la admisión de enfermas cuyo estado no importe un peligro para sí mismas o para la sociedad y que puedan ser atendidas en sus respectivos domicilios. Archivo General de la Nación, Actas de la Sociedad de Beneficencia-Hospital Nacional de Alienadas, pág. 206.

21 El Dr. Osvaldo Eguía se graduó como médico en el año 1851. Estuvo al lado del fundador del Hospital de la Convalecencia desde el año de su creación, es decir, desde 1854. El doctor Ventura Bosch lo consideró el más eficaz y abnegado de sus colaboradores. Ob. Cit. Pág. 2

22 Según Ingenieros, fue director hasta 1869 y Loudet menciona que asumió la dirección en 1871. Si vemos los datos proporcionados por el AGN, con la nómina de directores ubicamos al Dr. Eguía en el año 1860 hasta 1890.

23 Se recibió en la Universidad de Buenos Aires en 1883, su tesis doctoral versó sobre "Localizaciones cerebrales en las alteraciones del lenguaje y la visión". Ibíd. Cit. 19.

24 En 1901 se inauguró el Laboratorio, construido según el modelo de los mejores establecimientos europeos en su género, con el propósito de efectuar investigaciones de carácter anatomopatológicas, a la vez que estudios experimentales aplicados a la Psiquiatría. Véase Hospital Nacional de Alienadas, Breves Comentarios sobre su historia en Revista Oral de Ciencias Médicas, pág. 255. Buenos Aires, 1945.

25 Véase, Archivo General de la Nación, Actas de la Sociedad de Beneficencia-Hospital Nacional de Alienadas, pág. 207.

26 El Asilo de Alienadas de Lomas, fue construido en la localidad de Lomas de Zamora, Provincia de Aires, y se inauguró en 1908. - Acerca de la Sociedad de Beneficencia, véase "Instituciones de la Sociedad de Beneficencia y Asistencia Social" (1823-1852) Tomo I. Archivo General de la Nación, Buenos Aires. 1999.

27 La anexión del Instituto Lasala y Riglos se lleva a cabo en 1943 cuando se trasladó el Instituto de Asistencia Infantil a la localidad de Moreno, Pcia de Buenos Aires. Ver Hospital Nacional de Alienadas, (Breves Comentarios sobre su historia) en Revista Oral de Ciencias Médicas, pág. 258. Buenos Aires, 1945.

28 Ob. Cit. Pág 2.

29 A pesar de la clausura se continuó atendiendo en el consultorio externo y recibiendo desde octubre de 1934 a aquellas enfermas que por su grado de peligrosidad o la urgencia de tratamiento justificaban la necesidad de internación. Véase, Archivo General de la Nación, Actas de la Sociedad de Beneficencia-Hospital Nacional de Alienadas, pág. 209.

30 Hospital Nacional de Alienadas. Esteéves Balado, pág. 971 En Revista El Día Médico. Tomo XVI1. Buenos Aires.1945. Archivo Facultad de Medicina de Buenos Aires.

31 Para más información al respecto véase Hospital Nacional de Alienadas.Legajo Nº. 205. Documento sobre la suspensión de ingreso de enfermas por hacinamiento en el A.G.N

32 Véase, Loudet y Loudet, Historia de la Psiquiatría Argentina, Buenos Aires Ed. Troquel, 1968.

33 El ingeniero municipal Don José María Ramos demarcó en los terrenos de la Convalecencia, en 1859, la parte destinada al nuevo establecimiento de alienados, Ob. Cit. Pág. 2

34 Ibíd.

35 Su fundador fue el doctor Ventura Bosh. Ibíd. Cit. 32.

36 Véase al respecto Ob. Cit. Pág.4

37 Hospicio de las Mercedes, en Revista Médico-Quirúrgica, 1880, XVIII, 471, Buenos Aires.

38 En 1879, demostrando sus inquietudes por el problema de la alienación mental, publica con Coni una estadística sobre los alienados en Buenos Aires, para ser leída en el Congreso Internacional de Amsterdam. Véase, Ob. Cit. Pág.7.

39 Según José Ingenieros "había un proyecto de trasladar a 50 alienados, al Hospital San Roque pero no se llegó a concretarse porque sobrevino una epidemia de viruela y el San Roque se habilitó para los variolosos"

40 Para conocer los datos de las obras con más detalle véase a Ob. Cit. Pág. 2.

41 Las tres épocas que mencionamos son: la del fundador Ventura Bosch, la de Lucio Meléndez y finalmente la de Domingo Cabred.

42 Véase para más información Eliseo Cantón: Discurso sobre la creación del Open Door, en Semana Médica, agosto 5 de 1897.

43 Aquí se menciona el sistema escocés de puertas abiertas, éste es un método de tratamiento para los alienados que detallaremos más adelante y que promovió un cambio fundamental en la psiquiatría.

44 Este asilo-colonia fue fundado el 6 de abril de 1884 durante el gobierno de Dardo Rocha. Su primer director fue el Dr. Julián Aguilar. Ver Ob. Cit. Pág. 2

45 Se fundó el Asilo de Oliva el 10 de diciembre de 1908, y fue proyectado junto a otro del mismo género en Santa Fe por el doctor Jerónimo del Barco y puesto en servicio en 1914.

46 Ver Domingo Cabred, discurso en Archivos de Psiquiatría y Criminología. 1906. Buenos Aires.

47 Todos los datos son extraídos del libro de Ingenieros, La Locura en Argentina, y de Meléndez y Coni, "Consideraciones sobre la estadística de la enajenación mental en la Pcia. De Buenos Aires".

48 "...Comte inventó un nuevo nombre para un asunto viejo. No se inicia ciertamente con él el estudio de la sociedad humana, ni es el primero que intenta hallar su organización más perfecta. Pero Comte convierte a la sociología en la finalidad de la investigación científica en la ciencia llamada a establecer las leyes de la vida colectiva, cuyo conocimiento proveerá al mejor modo de realizar, dentro de una forma política perfecta y estable, el bienestar de la humanidad..." para completar la información sobre el positivismo en Argentina, Véase Korn, Alejandro. Influencias Filosóficas en la evolución Nacional. Buenos Aires. Ed. Solar. 1987.

49 Vezzetti, H. La Locura en Argentina. Ed. Paidós. Buenos As, 1985.

50 De La Semana Médica, Buenos Aires, Julio 21 de 1898. Págs. 241-43.

51 En Anales de Biopatología, eugenesia y medicina social. Nro. 9. Pág. 10. Dr. Arturo Rossi. Higiene Mental y Asistencia Social.

52 En El Pavoroso Aspecto de la Locura en la República Argentina. Bosch, G. 1931. Buenos Aires.

53 Véase Revista Argentina de Neurología, Psiquiatría y Medicina legal, Albina, E. Primeras medidas de higiene y profilaxis mental en la provincia de Buenos Aires. Págs. 528-529.

54 Ver Revista Criminología, Psiquiatría y Medicina legal, Bianchini, Levi. Fundamentos, caracteres y funciones del dispensario de higiene mental. Pág. 251.Para mayor información ver, Revista Criminología, Psiquiatría y Medicina legal, Antonini, G. Nociones prácticas sobre la asistencia de enfermos mentales en los hospitales psiquiátricos y en las familias. Págs. 122-123.

55 El Gobierno cuenta con una Comisión Asesora cuyo cargo consiste en construir asilos y hospitales regionales mediante el fondo que le acuerda la ley 4953, y en ejercer la superintendencia de dichos establecimientos. En Revista Argentina de neurología, Psiquiatría y medicina legal. Dr. Ameghino Arturo. Carácter y extensión de la locura en las diversas regiones de la República Argentina. Págs 494-495

56 Las cuestiones del higienismo y el hacinamiento son tratados por varios psiquiatras y médicos argentinos, podemos destacar a: Gache, Ingenieros, Meléndez y Coni.

57 Ob. Cit. Pág. 2.

58 Ob. Cit. Pág. 4.

59 Ob. Cit. Pág. 4.

Acerca de la inmigración italiana, véase, Devoto-Rosoli (compiladores). La Inmigración Italiana en la Argentina. Ed. Biblos. 1985. Buenos Aires.

60 Pinel, Philippe(1745-1826) considerado el fundador de la psiquiatría en Francia. Tradujo las medicinas prácticas del escocés Cullen en 1785, obra que copió ampliamente en sus Instituciones de futura philosephique. Al principio no ejerció una medicina de clientela, sólo desde 1786 trató a algunos enfermos mentales en el manicomio del Señor Belhomme, reservado a pacientes con dinero. Cuando llegó el "Terror" en Francia se hizo nombrar, gracias a Thouret, médico en el hospicio de Bicêtre. Desempeñó este cargo desde el 11 de septiembre de 1793 hasta el 29 de abril de 1795. Observó allí el trabajo del celador Pussin y comprendió la importancia del tratamiento moral en su dimensión institucional. Fue médico consultor de Napoleón, sirvió al Imperio y a la Restauración, que lo condecoró con la Orden de Saint Michel en 1818. Murió en 1826 a causa de reblandecimientos cerebrales sucesivos que lo sumieron en la demencia arteriopática. Véase al respecto Revista Psiquiatría.com, artículos sobre Historia de la Psiquiatría. Internet.

61 Esquirol (1772-1840), fue el discípulo predilecto de Pinel, desmembró el dominio de la melancolía, uno de los términos más antiguos del vocabulario médico, en monomanías y lipemanías. Se trata de lo que actualmente llamamos "psicosis delirantes crónicas" y "depresiones". El trastorno del humor se separa finalmente juicio. Nace la psiquiatría nosográfica francesa que perdurará hasta nuestros días. Inaugura junto a Pinel la "Mirada Médica" (Saurí) su primer paso de la descripción fenoménica. Por primera vez "se elevan los alienados a la categoría de hombres" (Falret). El Tratado de las enfermedades mentales es un resumen de textos, observaciones y detalles completadas con el famoso atlas que reúne veinticinco retratos de pacientes, un "histograma" de aspecto muy moderno y un plano de Charenton. Para Esquirol la melancolía es un término que debe ser dejado a poetas y moralistas. Según Esquirol la "lipemanía es una enfermedad cerebral, caracterizada por un delirio parcial, crónico, sin fiebre, sostenido por una pasión triste, debilitante u opresiva". Véase ALCMEON 21. Revista Electrónica de Psiquiatría. La obra de Esquirol (1772-1840) Carofile, Alfonso. Jefe de Depto. del Hospital "José T. Borda". Año VIII-Vol 2-Nro 1. Septiembre 1997.

62 Sobre la importancia de Esquirol, en nuestro país sabemos que según los alienistas de la época con él comienza la época científica, y se llega a afirmar que la medicina social por excelencia la constituía la aludida higiene mental, puesto que aquélla propende a evitar la locura. En Revista Mundo Médico, págs 15-16, diciembre de 1940.

63 Ob. Cit. Pág. 2.

64 Las fuentes que proveen anualmente los recurso para el funcionamiento de los hospicios y por ende la Sociedad de Beneficencia, son el presupuesto nacional, la Lotería de Beneficencia Nacional, Legados y Donaciones. Los recursos de la Lotería se invirtieron en la distribución de 6.800 decenas para ayuda de familias necesitadas. Véase al respecto, Decreto de la Creación de la Sociedad de Beneficencia. Ministerio de Gobierno, pág. 22-65, Fondo de la Sociedad de Beneficencia. A.G.N.

65 Véase Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales. Memoria presentada al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, por el Dr. Domingo Cabred, presidente de la Comisión, Julio de 1907 a Diciembre de 1908. Imp. Hospicio de las Mercedes. 1909. Buenos Aires.

66 El grave problema del hacinamiento fue tratado por los Dres. Estéves y Julio D´Oliveira Estéves, quienes proponían una serie de medidas tendientes todas a combatir el hacinamiento: modernización de la asistencia; creación de una liga de higiene mental; establecimiento de las clínicas escalonadas desde el dispensario del asilo de crónicos por el hospital neuro-psquiátrico y el taller terapéutico, en forma de favorecer la circulación del alienado y evitar el estancamiento generador de la irremediable e improductiva cronicidad. En Revista la Semana Médica, Buenos Aires, 23 de febrero de 1927.

67 La situación detallada se extenderá prácticamente hasta 1930, de allí en más sabemos que se trató de incorporar más personal al hospicio. Véase Bosch, G. en El Pavoroso Aspecto de la Locura en la República Argentina págs, 22-24. Buenos Aires.1931

68 Memoria del Director del Hospicio de las Mercedes, Dr. Lucio Meléndez, a la Corporación Municipal. Archivo de la Facultad de Medicina, biblioteca de graduados.

69 Sobre la temática de la Higiene Mental sabemos que existían también en Norte América y Europa ,y en nuestro país se le dará impulsó hasta su creación en 1929. También se promovió a las distintas provincias argentinas esta idea, por ejemplo Rosario creó "El Comité Rosarino de Higiene Mental". Véase Discurso del Dr. Ciampi, L. En Boletín del Instituto Psiquiátrico, págs.104-105. Buenos Aires.1930.

70 Para ahondar en las cuestiones del higienismo, ver Higiene Mental y Asistencia Social, Rossi, Arturo. En Revista Anales de Biotipología, Eugenesia y medicina social. Nro. 90. Buenos Aires.1940.

71 Véase La Defensa de la Raza por la Castración de los Degenerados. Las Ideas Profilácticas de Zuccarelli. En Archivos de Criminología, Medicina Legal y Psiquiatría, tomo I, págs. 385/391. Año 1902.

72 La Función de Gobierno en la Asistencia Social, Dr. Heredia, P. En Revista Anales de Biotipología, Eugenesia y medicina social. Nro. 90. Págs. 22-23. 1940. Buenos Aires.

73 Para hablar de sus ventajas y resultados, ver en Revista de Neurología, Psiquiatría y Medicina Legal. Págs 464-467. La Clinoterapia al Aire Libre. Raitzin, A. 1928. Buenos Aires.

74 El método "Open Door" para tratamiento de alienados tiene su antecedente y complemento directo en las experiencias del "No Restraint" que se pusieron en práctica en asilos de Inglaterra a principios del siglo XIX por el Dr. Conolly. Como su nombre en inglés lo indica "sin opresión, sin coerción", se desterró la aplicación de chalecos de fuerza y todo tipo de ataduras fuertes para dominar accesos de furor de los insanos. Conjuntamente se puso en práctica la medicación con sedantes del sistema nervioso, con un cambio en la conducta de los guardianes, que debían recurrir a la vigilancia permanente y a la contención personal del enfermos sin producirle lesiones. En caso de desborde extremo éstos eran encerrados en celdas acolchadas donde permanecían durante un período de aislamiento sin ver alterado el trato tranquilo y de constante apoyo para superar la crisis. A mediados de siglo un grupo de alienistas escoceses (Sibbald, Mitchell, Clouston, Rutherford) deciden producir un cambio edilicio acorde con el "No Restraint". Suprimen las rejas, derriban los altos muros externos e internos y abren las puertas de la mayor parte de los pabellones para que los enfermos circulen con libertad durante el día. Se conceden permisos bajo palabra para salir del Asilo a pasear y volver de nuevo a él en el plazo previamente convenido. Para los alienistas europeos las ocupaciones del campo eran el instrumento rehabilitatorio que más se adaptaba y que al mismo tiempo permitía integrar a un gran número de pacientes.

75 Sabemos que los hospitales psiquiátricos eran utilizados como bancos de sangre, porque las enfermedades mentales no se deben a causas específicas. Las más frecuente de las mismas, la Esquizofrenia, no toca casi la estructura física de los enfermos. En el Hospital de Alienados, luego de haber considerado edad, condiciones somáticas, estado venoso superficial, etc. se llegó a la conclusión que son utilizables el 50 % de los internados. Ello significa una reserva, renovables mensualmente, de unos 50 litros de sangre, considerando que se efectuará a cada enfermo una sangría de 300 cm3. A veces la sangría podía llegar a 800 y 1000 cm3. Como el país posee varios establecimientos psiquiátricos muchos más numerosos, las reservas de sangre llegarían a centenares de litros. Para terminar señalaré una frase del Dr. Volpe al respecto "... Bien es sabido que el enfermo mental, salvo excepciones, tiene un período de internación que sobrepasa los 30 días, durante el cual podría retribuir en parte los gastos que ocasiona el Estado. Más aún vuelto al hogar podría ir a aumentar el número de los dadores espontáneos. Véase Los Hospitales Psiquiátricos como Bancos de Sangre. Volpe, V. En Boletín del Instituto Psiquiátrico págs 176-179. VII. Buenos Aires 1943.VII.

76 La visión del Dr. Ferrer acerca de la incorporación de alienados al Asilo de Oliva presenta varias acotaciones, la más importante era la necesidad de que se construyan otros establecimientos con vistas a las necesidades y en base a la experiencia adquirida a través de lo observado durante muchos años en los manicomios ya existentes. Ver Dónde debe ubicarse un nuevo manicomio. Dr. Ferrer, C. Boletín del Asilo de Alienados en Oliva, Año VII.Enero-Febrero 1939. Nro. 23.

77 Un ejemplo al que hace referencia el Dr. Ferrer, es un caso ocurrido en la Ciudad de Catamarca años atrás. La gestión realizada por el Gobierno de la Pcia, solicitando pasajes para seis enfermos, tardó en llegar más de año y medio; cuando llegó ninguno de los enfermos existía.

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